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3/7/11

Cusqueando en Lima

No pude ir al Cusco, pero fui al Centro Social Huarocondo (ubicado en Jr. Los Ciruelos 451 - SJL)... donde alcancé a disfrutar un poco de la fiesta patronal en honor al Señor de Qoyllour Rit'y. Las siguientes fotos son un breve registro...

Coreografìa


Un descanso sin máscaras

Parte de la vestimenta (todos tenían uno a su espalda)

La flauta mágica

Tambor y danza

La infaltable arpa

Los colores de su 'sombrero'

Tras la jornada, ¡la buena caja!

Para los niños...

Cantaban

Mirada fija

Todos bailando



http://berenjenadas.blogspot.com/

26/8/10

Los colores de la fiesta de Huamachuco

Una mezcla arcoíris de lado a lado, son las polleras del Inca y del Turco, así les dicen a estos personajes que danzan alegremente, los primeros con una especie de cuerdas, los segundos con espadas. Otros tienen cuernos y sacuden sus pies contra el piso, son los venados. Están los que tienen cruzadas cintas en el pecho y espalda, giran el sombrero y acompasan su paso ligero con ¡hey! ¡hey! ¡hey!, contradanza.

Están los emplumados, los diablos, basta el tambor y la flautilla para que estos danzantes se muevan.

La virgen los sigue lentamente, un manto tejido cubre su cabello, celeste como el cielo. De Alta Gracia le dicen, patrona de este pueblo de sombreros, no por nada Humachuco quiere decir “sombrero de halcón”.

Este es el registro de mi paso por Huamachuco (video)


El 15 de agosto es el día central de fiesta, los primeros minutos de este día han sido recibidos con fuegos artificiales y al son de músicos traídos de otra parte.

Y este es parte del registro en foto, el primero es un Inca que al meterme en su camino recibí castigo. La segunda foto es por si hay dudas de que esta no es una tierra de sombreros, la última es de la verbena...

24/8/10

Viaje a Huamachuco

Las polleras apiladas en sus cuerpos, el sol como corona y los rostros rojos de tanta chicha. Los Incas bailan antes del lento paso de la Virgen. Los Turcos no tienen corona, pero sí espada. La estatuilla se hace esperar entre sombreros de palma, los mismos que invaden casi toda la plaza. En ella, algunas representaciones han sido carcomidas por una plaga extraña, sobreviven algunos, cuya majestuosidad ha sido lograda con los años, las nuevas lucen desarregladas. Así como algunos lados de la plaza donde las pistas serán rehechas, mientras tanto: barro. Sobre ellos flamea una bicolor que no es de esta época. Conforme el día central se acerca, más pies se aglomeran, más polleras se amotinan, más movimientos como el de los venados, los osos, los emplumados y los que van en contra. De lejos el verdor del Sazón y la tristeza del Toro. Y cuando la luna vigila, el color se dispara al cielo y llueven rojos, amarillos, verdes de fuego.



Este párrafo de aparente confusión cobrará algún sentido conforme los siguientes posts sobre un viaje a la tierra de mi abuela.

1/2/10

Fiesta de promoción

El vestido tiene que ser perfecto. Lucir radiante, ser un resaltador, no por chillón, sino de encantamiento. Los zapatos de tacón, cuanto más alto, mejor. Mi fiesta de promoción fue en un chifa, con un acompañante casi desconocido, con el vestido más barato que conseguí (que usé en otras dos fiestas de promoción por esos días). Más por presión amical que por el entusiasmo de escuchar recitar mi nombre con todo lo que me proponía al terminar (¡por fin!) el colegio, asistí a esa aburrida reunión.

Terminada mi secundaria, nunca más fui a una hasta diciembre del año pasado. Huancavelica es uno de las provincias más pobres de nuestro país, algunas zonas resultaron afectadas tras el terremoto del 15 de agosto, es el caso de San Juan de Castrovirreyna, donde cuatro señoritas terminaron la escuela y lucieron su mejor sonrisa ante los ojos de todo el pueblo. Entre 100 y 200 personas expectantes ante la aparición de las “promocionantes”, como decía el maestro de ceremonias.

Los globos rosáceos como un altar, no para un santo, sino para que cada pareja sintiera lo más cercano a la adoración. Se pronunciaban sus nombres, seguido de una serie de anhelos, la profesión, la comida favorita, la cualidad… Daban vuelta al patio, con el fondo de un cuete haciéndole una breve competencia a las estrellas, luego subían a su estrado, donde la serie de formalismos continuaban.

Ángela, quien lleva trabajando en esa zona durante buen tiempo, me cuenta que este es el acontecimiento, las "promocionantes" (casi siempre son mujeres) incluso traen a sus parejas de Chincha o Lima, les pagan el pasaje y les alquilan el terno. Ella es madrina de una de las chicas, a la que obsequió el vestido y por el cual se pasaron un día en Gamarra buscando el adecuado.

¡Para que más detalles, veánlo!

10/3/09

Feliz día de la mujer

Al final, no es que valga más tarde que nunca, sino que cualquier día puede ser igual celebrado.

Feliz día madre, puta, puritana, radical, profesional, infiel, ama de casa, conservadora, vieja, estúpida, izquierdista, niña, intelectual, soltera, pituca, gorda, casada, criminal, política, hija, empresaria, conviviente, artista, derechista, adolescente, mentirosa, delgada, vaga, religiosa, fiel, liberal, adulta, coqueta, calculadora, amiga, socialista, apolítica, bebe, feminista, técnica, abuela, demócrata, machista, loca, atea, sincera, adulta y ¿por qué no? a la que quiere ser mujer.

Muy probable algunas calcemos en alguna descripción, muy probable que un hombre también (cambiándola a masculino el adjetivo o sustantivo). La felicitación va porque hasta hace un tiempo no podía decirse que cualquier sustantivo o adjetivo podía servir para ambos y, sin embargo, hay cosas que nos diferencian y que nos igualan.

Divagaciones

Feliz día al hombre, en el día de la mujer, porque no existiría sin él y él sin ella.

Somos “iguales” ante la ley (ojalá lo seamos también en la práctica).

¡Que se salven las mujeres y los niños primero!, ¿pobres hombres, no?, entiendo lo de los niños, pero es que ¿acaso no tenemos los mismos derechos de ser mártires?

Una vez alguien me dijo: ustedes ya tienen todos sus derechos y más, pero ustedes no quieren ponerlos en práctica. Quizás, pero podemos elegir ponerlos o no (muy aparte de saberlos o no), antes no se podía escoger, escogían por una.

Muchas veces de niña repetía, ¡las mujeres arriba, los hombres abajo!, frase infantil de mocosa que se cree superior al sexo opuesto sin saber demasiado que los diferencia, ahora ¿qué digo? ¿mujeres y hombres arriba? ¿mujeres y hombres iguales? Pues no, mujeres y hombres donde quieran estar.

Autoretrato en Paint, 2001

3/1/09

50 velitas

Fidel es la muestra viva de un sueño izquierdista de hace medio siglo. Mientras sentados en una mesa de bar algunos disertaban sobre la revolución, un hombre no solo hablaba de ponerla en marcha, sino que sus palabras no se esfumaron con cada sorbo de licor, Fidel lo hizo. Esta historia tan bonita del triunfo de la revolución devino en una dictadura, una torta con 50 velitas que a duras penas sopla ahora Fidel.

Finalmente son las bodas de oro, y de criticarlo y alabarlo ya otros se han encargado, este post sirve para ilustrar la vista desde la puerta de mi casa al cerro de El Agustino, que celebra con él aquel histórico levantamiento, para bien o para mal (quizás voy por el lado más pesimista), pero ahí el registro de unos simpatizantes del régimen o de la figura de Castro.

¿Más cerquita?

20/9/07

¡Salud por el santo!

Fiesta Patronal de San Bartolomé

Había bebido su fe en cada sorbo de aguardiente. Los ojos le brillaban, sucumbían ante la belleza bicolor, giraba sin dejar de mirarla, se tambaleaba y seguía alelado en su flameo. Cuando se cansaba, cedía el honor a su compañero, quien cogía la bandera sin abandonar de su mano derecha el elixir que lo mantenía despierto, por ahora. Una botella bolonga contenía el precioso líquido que se repartía de boca en boca en nombre del santo, San Bartolomé.

La comunidad ayacuchana se había reunido en un punto, para mí, muy alejado... cuando bajé de la 31, habrían pasado alrededor de 20 minutos desde que vi los Pantanos de Villa, y en éste, una pelota se paseaba entre los pequeños pies de unos chiquillos, gran revoloteo en oposición a una figura estática, que no iba acorde con el panorama, era la olvidada fábrica Luchetti. Cuando llegué, aquel 19 de agosto, el ambiente parecía algo apagado, solo cuatro días desde el terremoto que asoló el sur, no se veía como un día propicio.

El santo miraba, frente al estrado, lo que a su alrededor se gestaba, como un espectáculo donde él era el privilegiado, pero para que no esté solito, la virgen le acompañaba. Y, de vez en cuando, iban hacia él fieles a tocar su manto de yeso, persignarse, prenderle una velita, en fin, agradecerle el milagro. Eran casi las tres de la tarde y llegó el ticket a mis manos, a cada asistente le era brindado ese boletito en hoja bulky para que exija su almuerzo. La carapulcra amilanó el vacío y como no hay primera sin segunda, más allacito, otras pailas me hacían ojitos, otro ticket más, guiso de carne, por favor.

Si bien el cuarteto de cuerdas no escoltaba mis bocados, un arpa de cóndores pintados y vistosas formas geométricas revelaba sus sonidos y era como sentir a un David reencarnado en un alma andina. A su costado, Edgardo se concentraba en su violín, el arco repasaba cada nota en sus cuerdas como un dulce llamado al huaynito. Dos hombres más con ponchos rojo y verde, inflaban sus cachetes y se ponían colorados de esfuerzo, los wak’rapuku demandan energía para poder elevar sus músicas al viento, son como trompetas del cuerno de un toro.

El local era grande, había espacio suficiente para ser cochera, salón de baile y para la función honrosa, el coso, sí, un coso en el que algunos niños jugueteaban mientras aún no venían las bestias donadas por familias que ahora no recuerdo. El símbolo patrio seguía oleándose y la chicha, el calientito, el aguardiente se repartía en botellitas personales para mayor disfrute. Una exposición cultural con fotos a blanco y negro, unos papeles firmados, exhibían una obra de ingeniería destruida por los Apus.

Las dieciocho horas, algunos ya se habían situado en las graderías cuando el anfitrión llamaba a través del micrófono a las gentes para que ocupen un buen lugar antes de que inicie el show. Poco a poco se fue poblando el coso y se hacían grupos para compartir una caja de cerveza, un solo vaso cada diez, ¡Salud! ¡Salud!. Se llamó al Jilguero para que cante dos canciones en quechua, que zapatee fuerte, aplausos, aplausos, algunos gritaban otro, otro. La Reyna se hizo presente, con pollera azul y blusa celeste, deleitó a un público que ya empezaba a sentir los estragos del licor. Dos cantantes más y ¡qué se alisten los caballos!.

Marinera. Su pequeñez recorrió con profesionalismo el suelo sin pavimento del coso, la niña, vestida de blanco y negro con un tocado en la cabeza, lució su baile, que de ayacuchano no tiene mucho, pero era parte del espectáculo. El caballo de paso brincó elegante mientras otra pareja bailaba la misma danza. La marinera se robó miles de aplausos, aunque más, el caballo.

Llegaron los toros en un camión y los valientes toreros se disponían alrededor del coso, dispuestos a la muerte, en realidad no, no hubo sangre, pero sí buenas corneadas. Como siempre, los primeros ejemplares son los menos salvajes, sirvieron para calentar el ambiente, pero unos grititos de terror, igual, se colaron por ahí. A la vez que la Reyna María Guerra repartía su volante entre los expectantes. ¡Ole! ¡Ole! ¡Ole!... empezaban algunos acercamientos peligrosos y el rojo vibraba entre los cuernos que ahora se incrustaban en unas piernas inexpertas. Luego vino un casamiento, en medio de la bravura de un toro negrísimo que rascaba en la tierra antes de correr hacia sus víctimas.

Picarones y anticuchos recién hechos se vendían, el tiempo había pasado y los estómagos reclamaban nuevos manjares, para refrescarlos, más tarde que temprano, cervecita rica y heladita. No se hizo esperar el baile, muchos demostraron no haber olvidado los pasitos de un buen huayno, y entre desconocidos se juntaban a hacer una ronda, la edad no importaba. Yo, de pronto, me vi dando vueltitas con una señora que rebasaba los 60 y unos niños que no pasaban de los 10. Yo, bailando, sudando la gota gorda de un mix interminable, sintiendo los ojos de San Bartolomé.