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26/8/10

Los colores de la fiesta de Huamachuco

Una mezcla arcoíris de lado a lado, son las polleras del Inca y del Turco, así les dicen a estos personajes que danzan alegremente, los primeros con una especie de cuerdas, los segundos con espadas. Otros tienen cuernos y sacuden sus pies contra el piso, son los venados. Están los que tienen cruzadas cintas en el pecho y espalda, giran el sombrero y acompasan su paso ligero con ¡hey! ¡hey! ¡hey!, contradanza.

Están los emplumados, los diablos, basta el tambor y la flautilla para que estos danzantes se muevan.

La virgen los sigue lentamente, un manto tejido cubre su cabello, celeste como el cielo. De Alta Gracia le dicen, patrona de este pueblo de sombreros, no por nada Humachuco quiere decir “sombrero de halcón”.

Este es el registro de mi paso por Huamachuco (video)


El 15 de agosto es el día central de fiesta, los primeros minutos de este día han sido recibidos con fuegos artificiales y al son de músicos traídos de otra parte.

Y este es parte del registro en foto, el primero es un Inca que al meterme en su camino recibí castigo. La segunda foto es por si hay dudas de que esta no es una tierra de sombreros, la última es de la verbena...

18/11/07

Más allá de la muerte

Hay un mundo de vivos

Todo tiene su final, nada dura para siempre. La muerte es definitiva y desconocida. No hay estudioso que descifre las leyendas urbanas del “más allá”. La incógnita crea expectativa. Y ésta, divinidad. El primero de noviembre, día de los santos, los cementerios se ven abarrotados de gente. Una extraña veneración más allá de nuestro tiempo. Cuenta el cronista Guamán Poma de Ayala que los incas loaban a sus muertos en el mes de noviembre. Eran exhumados y paseados por el poblado, a su vez, les daban de comer y beber. Una tradición que no se desliga totalmente de nuestros días.

Comienza el alba y con ella las primeras almas llegan al camposanto. Lima se viste de flores frente al cementerio. El Ángel ha abierto sus puertas y recibe, como ningún otro día en el año, a la masa de visitantes y la feria que a su alrededor se gesta. Cuadra 16 del jirón Ancash – Barrios Altos. El Cementerio del Ángel (su nombre real) fue inaugurado en junio de 1959, para cobijar los cuerpos inertes que ya no cabían en el Presbítero Matías Maestro.

Como me ha dolido, cuando me dijiste el echarme al olvido. Las olas de gente parecen turbulentas. Cualquier otro día, serían mansas o casi habría sequía. Entre rezos y algunas lágrimas que ruedan silenciosas sobre mejillas sonrosadas por el calor de una primavera que recién se avizora. Y que se percibe, de manera indirecta, en el perfume de las flores que no deja de poseer los pabellones febriles. Las flores –víctimas de cuchillos, tijeras y ligas- forman un cuadro de puntillismo en medio de una percudida blancura.

Suenan algunos saxos, percusión y guitarras. La lira Jaujina afina los instrumentos y filtra su música entre sollozos de gato. “Todos los primeros venimos”, expresa Guillermo con una sonrisa de media luna. “Diez soles unas tres canciones, depende…” responde despidiéndose de mis dudas. El grupo ha conseguido un cliente. Más allá, uniformados y con sombrero, la fiesta se apodera de media cuadra. ¡Zapatea, que viene el huayno!. La orquesta Folklórica Nuevo Amanecer impone el ritmo por el taita Humberto.

Beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río por ver al Dios nacido. El negocio es el negocio. Las carretillas de comida ofrecen chicharrón, mazamorra o cebichón, también hay emoliente y gaseosa de china, no falta el higadito ni el tallarín rojo con huancaina. ¡Una porción de anticuchos! ¡Otra de picarón!. Quizás prefiera visitar a su difunto saboreando un turrón. O tal vez, un buen vaso de licor.

Una misa. Un rezo. Un cántico. Los mausoleos son estructuras artísticas que guarecen a las familias “importantes”. Algunos son especies solitarias. Abandonadas por el olvido de su descendencia de rimbombantes apellidos. Angelitos desnudos, vírgenes opacadas por el tiempo, cruces de exageradas decoraciones. Luis Banchero Rossi se halla sepultado desde 1972 y su recuerdo sigue latente en cada flor que al pasar cualquier transeúnte le deposita y se persigna, quizás con esperanza de que el empresario hubiera sido un buen presidente.
Triste está mi corazón al saber que te marchas en ese tren… Santa Glicerina es el nombre del pabellón que guarda en su interior, cual tesoro del pueblo, al hombre que hizo que los cerros bajen cuando cantaba: Chacalón. A quien diariamente acuden sus fieles oyentes (y creyentes) a ponerle un ramito cual santo patrón. Pero el pueblo no detiene su fe, Augusto Ferrando está enterrado en el Pabellón San Bartolomé y no son pocos los que recuerdan la multitudinaria despedida del famoso conductor de Trampolín a la fama. Al que no le falta, tampoco, un jazmín, un pompón o un clavel.

En las afueras una procesión de ambulantes ataviados de disfraces, como un Barney que intenta vender sonajas a madres incautas. Desde sábila a un caparazón de tortuga, más la labia de quien oferta su producto natural, atrae a un grupo de cinco, seis atentos posibles clientes. Mientras a través de un megáfono se anuncia el fin del mundo, el calendario del Señor de los Milagros se reparte gratuitamente por algunos miembros de la cuadrilla.

Lava, refriega bien todo depósito con agua. Saca, saca el dengue de tu casa. Se elevan escaleras a los nichos más altos. Cincuenta céntimos cuesta llegar y poner las flores en su lugar. Subsistirán hasta que el agua empozada adopte un tono de óxido y el ramo cumpla aquel dicho que reza: la belleza es pasajera. Arena húmeda en vez de agua señala el folleto del Minsa. Todos reciben el volante con el interés de echarse aire.

Un monumento en nombre del periodismo. Colegas que sufrieron los artificios de una época sangrienta de nuestra historia. Las víctimas de Uchurajay son resguardados por la imponencia del cementerio. Una cámara registra el mausoleo y va en busca de los otros focos “noticiosos”.

El día que te fuiste, triste me quedé llorando. Por sus mejillas ruedan la tristeza de ver al amor perdido. Recitan las flores su aroma. Una guitarra naufraga al canto desolado de ¡Ay, Chabela!. Llora y recuerda. Mientras el coro repite: No importa tu ausencia te sigo esperando, desde un equipo, desde un puesto que evoca los boleros de Lavoe a 3 soles cada CD. ¿Nada menos? “No pues, yo pago por estar aquí”. No hay silencio en el camposanto de negocio urbano.

Escoltado por los cuarteles: La Pólvora –que agoniza su existencia con cada ladrillo del nuevo complejo habitacional de Mivivienda- y El Barbones –conocido por los Húsares Junín que su interior alberga. Se levanta el cementerio que le es reservado a los de escasos recursos (contrario a los años mozos de su creación). Y su fachada tiene el mérito de lucir los murales de Szysylo y las esculturas de Joaquín Roca Rey.

Dobla el triste dos de noviembre
Y la rama del presentimiento
se la muerde un carro que simplemente
ruede por la calle
(César Vallejo)


Paulo Cohelo sigue demostrando que la “literatura” de autoayuda es la más vendida. Las películas de estreno se venden en el piso. La campaña contra el dengue continúa en su estante. A la par que los policías tocan sus pitos intentando disgregar a los heladeros. Un bebe grita su aburrimiento. Algunas lágrimas siguen cayendo en este mediodía soleado que hace más intensa la caminata. Probablemente los muertos no comparten con los vivos la fecha festiva. Pero sus almas siguen esperando primero tras primero de noviembre más allá de las disposiciones de la iglesia. Más allá de las costumbres ancestrales. Porque la muerte sigue siendo un territorio desconocido. Y mientras tanto, el mundo sigue siendo de los vivos.

20/10/07

El cuarto piso del trabajo “¡Directo!”

Oficios falsos


“Me traes tu deneí, pagas cinco soles para la ficha y al otro día ya te estamos dando la dirección de la empresa, así de rápido”. Dice Eliana mientras amarra sus cabellos rulos. La oferta para ser operaria de una fábrica no es desdeñable, pagan semanalmente S/. 215.00. Sin embargo, hay otras opciones en la oficina de al lado, es así que, en el mismo cuarto piso cubierto por una luz tenue, casi tétrica, puedo preguntar sobre los beneficios de ser abarrotero, etiquetador, embotellador, empaquetador, almacenero, costurero, hasta vigilante, como solicitan en los avisos clasificados con el estribillo en mayúsculas: URGENTE.

Los siete días de la semana de 8 a 6 de la tarde, un hombrecito de gorra, tez cobriza y estatura mediana, merodea el primer piso de un edificio en la avenida Wilson 911, lleva en su mano derecha una mica que contiene, no programas de computadora, sino una lista de empleos para aquella persona ansiosa de engrosar el 50% del grupo de la Población Económicamente Activa (PEA) en Lima Metropolitana que posee un empleo adecuado. Sus dotes persuasivas parecen haberse diluido, luce cansado y no se percata de mi interés al ver las dos banderolas que se hallan en la entrada, de todo lo solicitado me interesa el trabajo de operaria, finalmente me acerco y reacciona, articula sin abrir demasiado la boca: “¿quieres trabajo?, ya, sígueme nomás”. Mientras subimos, la luz se va perdiendo en la estrechez de la escalera, alguna vez crema, ahora bañada en un tono ocre desgastado.

El edificio tiene ese aspecto monumental muy elegante años atrás, sin embargo, ahora es una de esas grandes construcciones del Centro que pasan desapercibidas en medio del caos de bocinas, gritos y gente atropellándose. Oficina 400. El hombrecillo consulta a unas muchachas con apariencia de secretarias y le señalan otra dependencia, voy a parar a una habitación pequeña repleta de sillas, distribuidas en cuatro columnas por seis filas, pegadas como en un microbús. Espero en un ambiente de plantas artificiales, a la vez que veo las noticias por un televisor ubicado justo encima del escritorio, en el que luego de unos minutos, Eliana escribe las indicaciones para acceder a un puesto. Ella aparece con su minifalda negra, los tacos número 7, su blusa de tonos rojizos (algo escotada) y con una cintura que no se deja ver porque ésta ha tomado un aspecto de almohada. Un papelito con la palabra ACEPTADO, las opciones de empleo para marcar con un aspa, luego están la zona, el día, la hora. Por último, Eliana estampa su firma en la hoja, me recalca el DNI y los cinco soles que tengo que traer si realmente quiero el empleo.

Scorpion autorizado

La primera cuota da acceso a la ficha, previa entrega del documento de identidad, se procede a llenar los datos: nombre, dirección, edad, grado de instrucción, entre otros, e impresa en la parte inicial del papel: Scorpion SRL.

El cuarto piso es silencioso, a las justas se oye el barullo entre oficina y oficina, una comunión que va desde el departamento 400, 400-A, 400-D, 401, 401-A, 402, 402-A, 402-B. Así se publicitan en los clasificados desde el 29 de enero de 2001, fecha de creación de la empresa, correctamente registrada en la SUNAT como Servicios Generales Scorpion SRL. Además, el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (Mintra) en su Registro Nacional de Agencias Privadas de Empleo, constan 76 compañías debidamente autorizadas a funcionar en Lima y Callao, entre ellas está la mencionada agencia, su plazo de vigencia que venció el 19 de junio pasado ya ha sido renovado, para seguir brindando sus servicios de obtención y dotación de personal.

(http://www.mintra.gob.pe/contenidos/programas/dnfp/archivos/ape2007.pdf)

¿No eran solo S/. 5.00?

“¿Currículum?, no hija, no, nada más deneí y cinco soles”. Expresa Eliana repasando sus cabellos con sus manos, luego agrega: “El nombre de la empresa te lo decimos después”. Solo S/. 30.00 más cuesta conocer la localización del centro laboral, con tres turnos electivos en el caso de operaria y, aparte del pago semanal, los viáticos van por cuenta de la casa. Pero antes del contrato, un abono más para la agencia. Después de abandonar el imponente edificio plomizo e invadir la avenida Wilson, con un recibimiento de humo y carros en competencia, dirigirse a la dirección encomendada puede ser una tarea frustrante, pues no existe en Lima la ubicación de la fábrica.

El trabajo “¡Directo!” (al desvío) como dicen sus once anuncios domingo a domingo, busca incautos entre 17 y 48 años en el cuarto piso, muy cerca de Floricienta, un prostíbulo en el departamento 407 del mismo inmueble. Los reclamos pueden conllevar al pago de otras sumas, para los “trámites” correspondientes. Antes de despedir el eco que hacen mis pasos mientras camino a la salida, el hombre que funge de vigilante en la entrada, me mira unos segundos y, después de recorrerme visualmente, se acerca y achina los ojillos: “Usted no se tragó el cuento ¿no?”.