28/2/10
Los chicos de la Universidad de Concepción
El ciclo pasado conocí, parcialmente, a dos chilenos: Paulina y Morgan, llegaron por intercambio de la Universidad de Concepción, sí... la universidad cuya facultad de química se incendió. Rebuscando internet encontré un registro de su paso por nuestro país....
Desde la distancia... les deseo fuerzas!!!
La reportera es Paulina Bravo. Chilena. Buena onda... y terminó el décimo en Perú... aunque también llevó este cursito de octavo, periodismo multimedia, con el que conoció un poco más de nuestras maravillas...
Espero estén bien chicos...!!!
11/1/09
Tortura

Más información:
- Especial de La República (primera parte)
- Especial de La República (segunda parte)
- Especial de La República (tercera parte)
- Especial de La República (cuarta parte)
3/1/09
50 velitas
Fidel es la muestra viva de un sueño izquierdista de hace medio siglo. Mientras sentados en una mesa de bar algunos disertaban sobre la revolución, un hombre no solo hablaba de ponerla en marcha, sino que sus palabras no se esfumaron con cada sorbo de licor, Fidel lo hizo. Esta historia tan bonita del triunfo de la revolución devino en una dictadura, una torta con 50 velitas que a duras penas sopla ahora Fidel.
Finalmente son las bodas de oro, y de criticarlo y alabarlo ya otros se han encargado, este post sirve para ilustrar la vista desde la puerta de mi casa al cerro de El Agustino, que celebra con él aquel histórico levantamiento, para bien o para mal (quizás voy por el lado más pesimista), pero ahí el registro de unos simpatizantes del régimen o de la figura de Castro.

¿Más cerquita?
8/8/07
Tercera parte: A golpe de despecho
Es un secreto. Nadie en su casa puede saber de aquel “oficio” que de vez en cuando le saca de aprietos económicos. Uno de los padres del niño vive en el exterior y solo da para los útiles del menor. Diana rehuye a mi cámara, como a cuantas otras se le han presentado, ella no busca dinero en exhibirse, sino ya lo hubiera obtenido yendo a uno de esos talk shows de moda hace un tiempo.Lleva su cabello hacia atrás como para no olvidar su femineidad y sigue con los destapes que parecen interminables historias que oía en murmullos: “¡Si te contara! –me dice- La otra vez vi a mi compañera del cole en uno de esos últimos programas en que cuentas tu caso... y bueno, salía ella con su hija, que la habían violado... la encuentro y que no era verdad”. Así ha visto muy de cerca casos particulares, en los que por una cachetada bien plantada te daban tu “alguito más”. Su amiga de épocas escolares ganó fácilmente 400 soles (“mita a mita con la hija, le pagaron bien”). ¡Cuántas veces a ella también le ofrecieron! Pero Diana, siempre reacia.
Norma ha vuelto con su esposo, (“¡qué sonsa esa mujer!”, exclama). Y Diana continúa bailando en esta madrugada sin cielo y sin luna. La vida es un carnaval. Ella no pierde oportunidad de divertirse y baila la salsita que tanto le agrada en alguna pollada o, si es mejor, va al Timbalero. “No todos los días, pero cuando se puede... además mi comadre es la que pone, ella tiene plata e invita”. Entonces ella toma su cerveza y se deja guiar por la música, sus hijos duermen y su madre los cuida. Brinda con un vaso en la mano, ¡por ellos!, ¿por los hombres?, ¡no!, por sus hijos.
Fin
6/8/07
Segunda parte: A golpe de despecho
1/8/07
Primera Parte: A golpe de despecho
Estaba por cumplirse el vigésimo sexto aniversario del matrimonio de Norma, mujer delgada de 47 años que no pasa del metro cincuenta, sin embargo, el ideal de esposo que todas sus amigas envidiaban –padre amoroso dedicado al trabajo-, se desmoronó el año pasado. La “otra”, que solo parecía existir en su novela favorita, estaba amarrada a los brazos del infiel en esa noche de abril, en la que paseaba con su mejor amiga (Sabrina), por el Centro de Lima. Norma se volvió en una insomne de cuyos ojos no salían más que lágrimas. Sabrina sugirió en susurros, pasadas unas semanas del incidente, contactar a Diana para “hacer justicia”, es decir, pegar a la intrusa.
Caminar por el barrio de la Unión (Agucho) es quizás una proeza de pocos foráneos. La zona está dominada por un grupo de amigos de la plata fácil: los Picheiros, el líder es el Culo verde, muchacho de unos 23 años, tiene arma y varios carros (“uno plomo, que le cambió las lucecitas, algo... porque no sé a quién había matado”, dice Diana como si contara un día de mercado, así de cotidiano). Recuerdo, mientras trascurre esta historia, los sabios versos de Lavoe: La gente le teme / porque es de cuidado / pa' meterle mano / hay que ser un bravo / si lo meten preso / sale al otro día / porque un primo suyo / 'tá en la policía (“se dice que su padrino es un coronel, se dice y debe de ser, porque él hace pendejada y media y nunca le pasa nada”, expresa Diana). En medio de esa atmósfera vive ella, entre los disparos de ayer -provenientes de la pistola del temido varón-, entre polladas que terminan en botellas que se rompen en la cabeza de algún invitado y escuchando siempre la salsa de Panamericana. 
