29/6/08

A voz en cuello: ¡Escúchame!

Expresando la disconformidad en movilizaciones, manifestaciones, protestas y también encuestas

Son las once de la mañana de cielo gris. Las miradas reclaman salir de la congestión, poder cruzar la pista, llegar temprano al trabajo, comer emolientito y pan con tortilla, reclaman justicia y los gritos se unen al nuevo éxito del Grupo 5. La ola viene bramando derechos y un murmullo de gritos se dirige al congreso, unas voces sin oídos se avecinan, un tumulto con pancartas, con megáfono, con los puños hacia arriba y el alma en cada frase. Un paisaje cotidiano, cercano, abrumador y curioso.
Una manifestación tiene distintas formas de expresar su exigencia o su indiferencia, su dolor o su desacuerdo. Las más frecuentes han resultado reclamos expresos hacia aquellos que tejen la telaraña de nuestro país.
En esta parte del mundo son muchas las que se han organizado y pocas las que han rebotado en las autoridades o en los medios. Quizás sea un rebote sucesivo, primero en aquellos que caminando se encontraron con los pitazos, o los que haciendo zapping lo hallaron en el informativo, pocas veces el ruido de cacerolazos llega a los gobernantes o resuenan en aquello que llamamos indignación colectiva.
Numerito manda
Las voces de desacuerdo se han extendido, más que en manifestaciones, en encuestas. Desde el pobre 30% de popularidad de Alan García, con un séquito de teorías explicando el por qué. ¡Gran dilema!. Las encuestan han tenido más eco, eco, eco porque algunos egos se han visto mellados.
Los porcentajes también han sido usados por columnistas que descifran nuestros pensamientos como un todo, han sido motivo de portadas, editoriales o comentarios. Modelan en los diarios como voz del pueblo, les dan piropo a la encuestadora y describen sus medidas y el impacto de ellas.
Pantallas y parlantes
Las paralizaciones pacíficas son casi silenciosas, un susurro, ni un susurro. El rebote es inmediato si se enfrían al protestante, si se enfrían al policía. Los parlantes se encienden si han causado desmanes, si duran más de dos días, si afecta a la capital (o al capital).
Los parlantes en ON en el Moqueguazo, donde el rugido salió de las vísceras y no pudimos dejar de oír: Redistribución del canon, como un gruñido que arañó las entrañas del gobierno. El grito fue de los 17 distritos que lo componen y el resultado: heridos, millones de pérdidas. El presidente también se pronunció, abarcó mitad de portadas junto al relevado general PNP Jordán.
Asimismo, no todo fue carnaval en febrero, el paro agrario se impuso y los comuneros izaron sus voces y dos fueron silenciadas. Desgracia que remeció a los medios y que incitó el relanzamiento de la campaña: ¡Luis, vete de vacaciones!. A propósito de ello, el pasado 3 de junio, se derogó el Decreto Legislativo Nº 982 con la que los miembros de las Fuerzas Armadas y de la PNP quedaban exonerados de responsabilidad penal si, acorde con sus deberes, lesionen con sus armas reglamentarias. Ahora el dilema ¿usar o no usar el arma de fuego? Y traigo a colación una frase del Gral. Jordán durante el Moqueguazo: "El policía por defender puede morir, pero un civil no puede morir”, registrado en Caretas.
Las paralizaciones en provincias tienen eco y rebote con estos hechos, si fueran pacíficos, ¿rebotarían?. Quizás el Cuzco seguiría siendo sede del APEC y no hubiera perdido millones con sus reclamos en contra de la ley de promoción de servicios turísticos.
Comunicación
El proceso básico de comunicación: EMISOR – MENSAJE – RECEPTOR, es fundamental entre los seres humanos para entenderse. Las políticas de descentralización aún no están del todo implementadas y permiten que los pueblos más alejados sientan que su mensaje no es decodificado, es decir, no son escuchados.
A esto se suma un proceso paralelo que nos lo cuenta Carlos Melendez en una entrevista para útero.tv y también nos lo detalla en su blog . ¿Qué debe haber para que se forme una movilización? Primero, hay que tener “bronca” (es decir, estar enfadado con una determinada situación), tienen que haber recursos (organizadores). Debe existir un “involucramiento colectivo” (comprometerse con la causa) junto a una oportunidad política (“una debilidad del sistema”), otro factor es “darle forma” (armar el discurso). El último elemento para que se genere un conflicto es sentir que es posible “lograr el objetivo”.
La información aparece en la superficie o no llega, el Estado no cumple su rol de emisor en todo su territorio, y el pueblo no recibe el mensaje claro. El pueblo quiere emitir su mensaje pero se no encuentra al receptor. Y algunos comentan que los protestantes solo se perjudican a ellos mismos, perdiendo millones de dinero y afectando su turismo.
Las movilizaciones han nacido y nacen de la indignación, desde la Marcha de los Cuatro Suyos hasta el Asentamiento Humano que exige que los servicios básicos lleguen a su terrenito. Y cuando esta indignación se hace colectiva, remecen las fauces del país y un mensaje paralelo: solo así uno es escuchado.
***
Es un clamor justo y pertinente. Seguirán existiendo las casas del ALBA que aparentan abrir sus puertas y musitar un Te escucho mientras el Estado siga desconociendo el significado de esas dos palabras en negritas.
- "¿Por qué hoy día en que todo el mundo habla de comunicación... ¡No nos escuchan!?"
Jota Castro nos regaló un discurso emotivo en su cumbre La palabra de los mudos (15/05/08), de donde extraigo otra cita: "Y si pudiéramos gritar todos juntos que queremos un presente mejor".

3/5/08

José Watanabe

He tenido un largo receso en este blog. Un descanso involuntario o, digamos, más sinceramente, una ociosidad tremenda...

Regreso sin dibujar demasiadas palabras con el teclado (al menos en este post), pero dejándome llevar por Cholotube, dejo este reportaje que realicé con mucho cariño al cumplirse el año del lamentable fallecimiento de José Watanabe.

¿Un poco largo?....
El tiempo es corto para rememorarlo como es debido, faltaron tantos detalles suprimidos por el espacio en televisión, faltaron tantas otras voces esbozando, admirando, recordando al buen Wata.



16/2/08

Teatro Municipal: cenizas vigentes


Subir por la alfombra roja cada uno de los escalones. Ovoides balaustres brillan entre mis dedos, los rozo mientras avanzo hacia el segundo nivel y me voy alejando de la inmensa sala que acostumbraba recibir a los seguidores del teatro, la danza, la música, un pequeño paraíso de comienzos del siglo XX. El Teatro Municipal permite ser penetrado por algunos miembros de la prensa, días antes del 473 aniversario de Lima. ¿El motivo? La Subgerencia de Cultura organizaba diversas actividades por tan magna fecha.

Mónica Aurich y una comitiva de artistas se sientan resguardados por un panel con el escudo de Lima, indicando: Municipalidad de Lima – Subgerencia de Cultura. La señora Aurich va nombrando las actividades por el aniversario de la ciudad, conciertos y otros. La hora programada: 11:00 am, la hora de inicio de la conferencia 12:00 m.

El segundo piso es el acondicionado para la conferencia, sus puertas de gran altura finamente decoradas con detalles dorados dejaban entrever otra escalera, sin alfombra roja, sin brillo. Gris. Los palcos eran sombras chamuscadas de la negligencia que provocó el incendio del teatro el 3 de agosto de 1998.

Terminada la conferencia de prensa, bocaditos y gaseosas eran repartidos a los periodistas que acudieron al llamado. En ese momento intentamos la respuesta que veníamos buscando y que se nos iba negando con cada llamada a la Municipalidad. Comunicarnos con el señor Ricardo Orozco (Jefe de Teatros Municipales) iba a ser imposible porque se encontraba de vacaciones. Pero quién mejor para hablarnos sobre el tema que la Sra. Aurich que, aparte de ser la subgerente de cultura, forma parte de una comisión especial para promover la restauración del teatro.

Una década de abandono y que probablemente demuestre la importancia que se le da a la cultura en nuestra capital (y en nuestro país) por parte de las autoridades. El Teatro Forero, como fue denominado antes de ser adquirido por la Municipalidad, ardió por aproximadamente tres horas, sus muros colosales soportaron el infierno, sus asientos, sus decorados serpenteantes sufrieron más el siniestro reservándose su majestuosidad para los recuerdos de quienes acudieron con frecuencia.

La pregunta: ¿Cuándo se empezará la restauración del Teatro Municipal?.
La respuesta: “Se está concluyendo ya con el expediente técnico, que es bastante grueso, eso toma tiempo -¿Otro diez años?- ese expediente técnico está a cargo de la oficina de Invermet o el Consorcio Puerta de Tierra que fue el que ganó la licitación. Eso sucedió antes de la gestión del doctor Castañeda y están concluyéndose los estudios que van a integrar el expediente técnico, luego de que esté concluido y aprobado, recién se va a ver el financiamiento para empezar a reconstruirlo”.

Una paloma sobrevuela el teatro, luce sus alas ¿esperado aplausos?, se cuela entre los orificios de la construcción, se queda quieta y empieza su vuelo inocente, el Teatro Municipal es refugio de aves, en vez de ser la sala principal de óperas, teatros, danzas… Sus alas baten el viento ¿las cenizas?...

¿Una fecha? La Subgerente de cultura se ofusca con el tema, aclara que estamos aquí para hablar de la celebración, aclara que este tema no viene al caso ahora, aclara que se cumplen 473 años, pero no aclara un año, un mes, un día: “No te puedo dar fecha, no te puedo dar fecha porque no la sé, eso depende de que se acabe y se apruebe el expediente técnico”.

Es año de las cumbres mundiales y no tenemos un Teatro Municipal. Un espacio en pleno Centro histórico que poco a poco parece recuperarse sin movimiento cultural. ¿Por qué esta falta de iniciativa? Otras obras se han realizado con éxito, como el Circuito Mágico del Agua en el Parque de la Reserva (donde los millones se han disparado para tal construcción). En agosto se cumplirán diez años del siniestro ¿Por qué un expediente técnico tiene que demorar años?

El dramaturgo Alonso Alegría fue durante menos de un año Jefe de Teatros Municipales, en la primera gestión de nuestro actual alcalde, nos contaba que no tuvo apoyo suficiente además que estuvo enfermo. Su departamento es acogedor y, mientras escribe en su laptop, instalamos los equipos para oír su opinión: “Por algún motivo, quizás político, quizá económico, les conviene que no se reconstruya (…) Yo te aseguro que en este momento, alguien está ganando plata con la supuesta reconstrucción”. Su voz se hacía más áspera y su rostro se fruncía en indignación. Su voz se quebraba en una furia contenida, un llamado de atención: “¡Castañeda, déjate de huevadas! ¡Castañeda, compón el Municipal! ¡Ponte las pilas! ¡Desmiente que te conviene tener al Municipal cerrado y quemado! ¡Desmiénteme que te conviene, pero desmiénteme con los hechos! "

Un fin de semana cualquiera ¿qué ofrece Lima?. Se ha anunciado un Ministerio del Medio Ambiente, ¿cuándo se anunciará uno de la Cultura?. Desarrollar una verdadera política cultural a escala nacional, implica progreso. Recordemos que somos uno de los países con la educación más paupérrima, afortunadamente hay algunos esfuerzos privados, pero necesitamos que el Estado participe en esta tarea.

“Aparentemente los alcaldes son muy conscientes que la cultura no da votos” expresa el crítico de arte Luis Lama. Esta situación pone en jaque nuestro desarrollo, las bienales que se organizaban antes de la gestión actual eran un ejemplo para reforzar nuestro acervo cultural y nos ubicaban internacionalmente. Luis Lama asevera, con voz cavernosa, una gran verdad: “La cultura es vital en cualquier sociedad, solamente un país culto puede ser un país desarrollado, solamente un país culto puede ser un país educado, solamente un país culto tiene la creatividad suficiente para avanzar hacia el desarrollo”.
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VIDEO: El Rey Lear, puesta en escena con el propósito de recaudar fondos para la reconstrucción del Teatro, denominado irónicamente: "El Teatro Municipal renace" (1999) ¿Dónde están esos fondos?


25/12/07

El otro dueño del volante: taxista


- De aquí a la derecha
Las dos manos se posaron en el timón y la maniobra se convirtió en un paisaje nuevo.
- Déjeme pasando el árbol seco.
Las palabras diseñaron el próximo movimiento. Contó las monedas una a una. Asintió con la cabeza. Y suavemente se dibujaron unas palabras en sus labios:
- Feliz Navidad, señorita
El tono pesado de su voz contrastaba con la sonrisa sin dos dientes que miraba fijamente mis ojos antes de bajar. La calle me recibía con su monotonía de hace veinte años. Pronuncié:
- Feliz Navidad, señor Vicente. Como figuraba en un sticker en la parte superior derecha de la luna frontal de su carro (económico y pequeño, que se debate entre aquellos que dudan entre la inseguridad de viajar en él o confiar en los movimientos advenedizos que solo un Tico puede hacer).
Seis soles han recorrido la vía expresa, los seis soles que guarecían en mi bolsillo izquierdo esperando ser acariciados por otras manos continuamente, continuamente.

***

La familia iba rumbo a casa en un viejo Volkwagen amarillo, el chofer tenía pliegues en el rostro mostrando sus años y su extrema delgadez. El diente plateado brillaba cada vez que la palabra “Fujimori” endulzaba su discurso, con la frente en alto recordaba a quien fue “el salvador” del terrorismo. Escuchábamos e insistíamos en otros planteamientos para no creer en el Chino. Los pliegues se acentuaban. Su fe en el Chino era un escudo infranqueable ante nuevos argumentos, era como intentar cambiarle de religión. “Robó, pero hizo cosas, todos roban, pero él hizo algo”. El taxista puede convertirse en un analista político o en una fuente segura de opinión. Su voz ha sido escuchada al abrirse la puerta con un nuevo pasajero. Ha sido olvidada al cerrarse. O ha conseguido un nuevo adepto. “Alan es un ladrón, se dio la gran vida en Europa…”.

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La cerveza había descontrolado nuestros afanes guardados desde hacía un mes. Salieron a la luz de la manera más natural, así como un sol ilumina la cuidad, así nuestras pasiones se habían desbordado, igual como la espuma rebalsaba el vaso. Paramos un Station Wagon. Habíamos descubierto el perfecto rincón para nuestro rebalsamiento irracional. Y mientras una mano se deslizaba por debajo del polo verde, las uñas rasgaban la espalda del adolescente compañero de amor. Unos ojos indiscretos se colaban a mi manera de olvidar los consejos de mamá: no dejes que te toquen, los hombres a veces solo quieren otra cosa, antes de casarte no pienses en sexo, dedícate a los estudios en vez de al enamorado, cuídate de los chicos, ¡qué es eso de choque y fuga!.
- ¿Es por aquí?
- Sí, sí, sí, siiiii… pronunciaba sin que mis labios se despegaran de los de mi amigo.
- ¿Doblo a la derecha?
- ¡Oh!, a la izquierda maestro, a la izquierda…
A veces un taxista sabe cuando callar y solo sortear escuetas preguntas necesarias.

***

Las lecciones de vida se cruzan por los ojos y oídos, a veces se quedan como imágenes o se graban como música. Las lecciones no siempre se encuentran en un libro o en la iglesia. Se acerca un niño, como tantos otros, a la luna por la que sobresale el brazo cobrizo del joven taxista. Quebró el ruido, propio del Centro de Lima, para preguntarle su nombre: ¿Cómo te llamas, muchacho? En un cambio de patrón de palabras aprendidas, el niño de ojos color manzanilla respondió: Pepe. Interrumpió y olvidó su perorata diaria, apenas alcanzó a expresar que una fruna podemos comprar, pero sus ojos tristes obtuvieron un brillito de estrella (como las verdaderas estrellas se esconden de nuestro cielo, estos destellos también se esconden de los rostros de los niños, sin embargo, las estrellas existen y son más difíciles de ver en los ojillos acostumbrados a vivir bajo cielo limeño). En un consejo de viejo conocedor de las verdaderas campañas de marketing, explicó el taxista: Sonríe, no pongas cara de lástima para que te compren, yo cuando vendía caramelos hacía reír a la gente y me compraban, ¡uy! Si vieras como rayaba… sonríe, no causes lástima niño. El semáforo cumplía su función de pasar de rojo a verde. Un cambio y arranca.

***

Era una lata grisácea. Previa rebaja, son solo cinco soles los que cruzarán la avenida para llegar a mi destino. Al enfrascarme en aquella lata con ruedas, no era solo apartarme de la serenidad de la calle a esas horas de la noche, era respirar otro aire. La Parada, aquel mercado que fue la receta diaria de Humareda en sus pinturas, sofocaba el auto, era el mismo aire que fulmina el olfato más sensible. Sobreviví los quince minutos que duró el viaje en medio de un silencio en el que absorbí la inspiración de Humareda y un perfume barato de varón. El silencio se abandonó al pronunciar: en esta esquina me deja… Con el rostro algo apenado, recibió el billete en el que lucía Quiñones. Conté el vuelto y dije gracias.

***

Había acabado la comisión y esperábamos el taxi contratado por la universidad, teníamos los equipos en nuestras mochilas y con los ojos abiertísimos intentábamos ubicar algún carro negro. Samuel y yo nos preocupamos cuando ya habían pasado algo más de diez minutos y no veíamos el carro… empezamos a recorrer los alrededores y solo atraíamos bocinazos que nos pedían ser los afortunados que nos lleven. Nos llamaron a avisarnos que el auto ya estaba en la puerta desde hace ya rato. Dimos un vistazo más con cierta duda. Una señora de cabello cano volteaba una página de un diario, fijamos nuestros ojos en aquella dama y en el carro en que ella estaba. Nos acercamos con pasos dubitativos, preguntamos si era la empresa que buscábamos. Con una sonrisa, la dama respondió: sí, suban, hace rato he estado esperándolos.
Nos ubicamos en el asiento trasero con las miradas desencajadas. No esperábamos una taxista. Era devastador sentir que habíamos obviado de nuestra búsqueda aquel carro en el que la chofer estaba ojeando su diario. Siguió su camino sin preguntas. Solo nosotros hablábamos sobre las fotos que tomamos en aquella, mi primera comisión.

***

- Ha salido muy tarde usted. Expresó el taxista con suspicacia, como quien hace un ampay al hallar a la chiquilla con su pareja.
En un ataque por demostrar que mi vida no era solo besitos, empecé a contar algunos de mis logros académicos, eso que suele agradar a los adultos que piensan en una juventud perdida, que piensan en una generación de perreo desinteresada en nuestra realidad. No quería una felicitación o una frase que me impulsara a seguir, solo era restregarle en la cara que no todo tiempo pasado fue mejor, es solo distinto.

***

Ésta mañana tomé un taxi. 25 de diciembre. El caballero, que me cobró tres soles para ir a una feria, resultó ser un galán al paso y confiaba plenamente en sus dotes de seductor.
- ¿Cómo te llamas?
- Berenjena
- Yo me llamo Carlos, mucho gusto…
Intenté derivar la conversación al vacío, cuando luego de unos instantes:
- Feliz navidad. Tomó mi mano pálida y pensé en estrechar las manos como un saludo afable. Su mano llevó la mía a sus labios, dio un beso sonoro. Entonces me arrepentí de haberme sentado en el asiento delantero.
- Felices fiestas… también
- ¿Te volveré a ver? Solo alcancé a hacer un sonido gutural
- ¿Por dónde vives?
- Ah… por el Centro de Lima. Como una bendición, timbró mi celular.
En pocos minutos llegué al punto acordado, pagué exacto y caminé hacia la feria.

***

Otros recuerdos se suceden en mi mente con melancolía, otro año más que se nos pasa en un abrir y cerrar de puertas. Y recuerdo las sabias letras de Lavoe: Oiga mire taxi, coja su dinero y guárdese el cambio, ya estamos llegando, esta es la tristeza, ésta es mi agonía, adiós y buena suerte… si alguien le pregunta cuál fue mi destino, no le diga a nadie que tomé el camino de los que no quieren que los vean llorando por causa de un amor. El encargado de nuestros próximos destinos -especialmente cuándo estamos apurados, sino, a chapar bus nomás-. La música en cada cuatro ruedas es otra historia. Las formas de manejar otra. El semáforo, la pista, el transeúnte (que no conoce de la luz roja), tantos detalles olvidados, tantas puertas aún sin abrir. Innumerables historias empiezan al estirar la mano y parar un nuevo taxi, historias que acaban al cerrar la puerta y agradecer llegar a tiempo y con vida (en Lima, nunca se sabe).

18/11/07

Más allá de la muerte

Hay un mundo de vivos

Todo tiene su final, nada dura para siempre. La muerte es definitiva y desconocida. No hay estudioso que descifre las leyendas urbanas del “más allá”. La incógnita crea expectativa. Y ésta, divinidad. El primero de noviembre, día de los santos, los cementerios se ven abarrotados de gente. Una extraña veneración más allá de nuestro tiempo. Cuenta el cronista Guamán Poma de Ayala que los incas loaban a sus muertos en el mes de noviembre. Eran exhumados y paseados por el poblado, a su vez, les daban de comer y beber. Una tradición que no se desliga totalmente de nuestros días.

Comienza el alba y con ella las primeras almas llegan al camposanto. Lima se viste de flores frente al cementerio. El Ángel ha abierto sus puertas y recibe, como ningún otro día en el año, a la masa de visitantes y la feria que a su alrededor se gesta. Cuadra 16 del jirón Ancash – Barrios Altos. El Cementerio del Ángel (su nombre real) fue inaugurado en junio de 1959, para cobijar los cuerpos inertes que ya no cabían en el Presbítero Matías Maestro.

Como me ha dolido, cuando me dijiste el echarme al olvido. Las olas de gente parecen turbulentas. Cualquier otro día, serían mansas o casi habría sequía. Entre rezos y algunas lágrimas que ruedan silenciosas sobre mejillas sonrosadas por el calor de una primavera que recién se avizora. Y que se percibe, de manera indirecta, en el perfume de las flores que no deja de poseer los pabellones febriles. Las flores –víctimas de cuchillos, tijeras y ligas- forman un cuadro de puntillismo en medio de una percudida blancura.

Suenan algunos saxos, percusión y guitarras. La lira Jaujina afina los instrumentos y filtra su música entre sollozos de gato. “Todos los primeros venimos”, expresa Guillermo con una sonrisa de media luna. “Diez soles unas tres canciones, depende…” responde despidiéndose de mis dudas. El grupo ha conseguido un cliente. Más allá, uniformados y con sombrero, la fiesta se apodera de media cuadra. ¡Zapatea, que viene el huayno!. La orquesta Folklórica Nuevo Amanecer impone el ritmo por el taita Humberto.

Beben y beben y vuelven a beber, los peces en el río por ver al Dios nacido. El negocio es el negocio. Las carretillas de comida ofrecen chicharrón, mazamorra o cebichón, también hay emoliente y gaseosa de china, no falta el higadito ni el tallarín rojo con huancaina. ¡Una porción de anticuchos! ¡Otra de picarón!. Quizás prefiera visitar a su difunto saboreando un turrón. O tal vez, un buen vaso de licor.

Una misa. Un rezo. Un cántico. Los mausoleos son estructuras artísticas que guarecen a las familias “importantes”. Algunos son especies solitarias. Abandonadas por el olvido de su descendencia de rimbombantes apellidos. Angelitos desnudos, vírgenes opacadas por el tiempo, cruces de exageradas decoraciones. Luis Banchero Rossi se halla sepultado desde 1972 y su recuerdo sigue latente en cada flor que al pasar cualquier transeúnte le deposita y se persigna, quizás con esperanza de que el empresario hubiera sido un buen presidente.
Triste está mi corazón al saber que te marchas en ese tren… Santa Glicerina es el nombre del pabellón que guarda en su interior, cual tesoro del pueblo, al hombre que hizo que los cerros bajen cuando cantaba: Chacalón. A quien diariamente acuden sus fieles oyentes (y creyentes) a ponerle un ramito cual santo patrón. Pero el pueblo no detiene su fe, Augusto Ferrando está enterrado en el Pabellón San Bartolomé y no son pocos los que recuerdan la multitudinaria despedida del famoso conductor de Trampolín a la fama. Al que no le falta, tampoco, un jazmín, un pompón o un clavel.

En las afueras una procesión de ambulantes ataviados de disfraces, como un Barney que intenta vender sonajas a madres incautas. Desde sábila a un caparazón de tortuga, más la labia de quien oferta su producto natural, atrae a un grupo de cinco, seis atentos posibles clientes. Mientras a través de un megáfono se anuncia el fin del mundo, el calendario del Señor de los Milagros se reparte gratuitamente por algunos miembros de la cuadrilla.

Lava, refriega bien todo depósito con agua. Saca, saca el dengue de tu casa. Se elevan escaleras a los nichos más altos. Cincuenta céntimos cuesta llegar y poner las flores en su lugar. Subsistirán hasta que el agua empozada adopte un tono de óxido y el ramo cumpla aquel dicho que reza: la belleza es pasajera. Arena húmeda en vez de agua señala el folleto del Minsa. Todos reciben el volante con el interés de echarse aire.

Un monumento en nombre del periodismo. Colegas que sufrieron los artificios de una época sangrienta de nuestra historia. Las víctimas de Uchurajay son resguardados por la imponencia del cementerio. Una cámara registra el mausoleo y va en busca de los otros focos “noticiosos”.

El día que te fuiste, triste me quedé llorando. Por sus mejillas ruedan la tristeza de ver al amor perdido. Recitan las flores su aroma. Una guitarra naufraga al canto desolado de ¡Ay, Chabela!. Llora y recuerda. Mientras el coro repite: No importa tu ausencia te sigo esperando, desde un equipo, desde un puesto que evoca los boleros de Lavoe a 3 soles cada CD. ¿Nada menos? “No pues, yo pago por estar aquí”. No hay silencio en el camposanto de negocio urbano.

Escoltado por los cuarteles: La Pólvora –que agoniza su existencia con cada ladrillo del nuevo complejo habitacional de Mivivienda- y El Barbones –conocido por los Húsares Junín que su interior alberga. Se levanta el cementerio que le es reservado a los de escasos recursos (contrario a los años mozos de su creación). Y su fachada tiene el mérito de lucir los murales de Szysylo y las esculturas de Joaquín Roca Rey.

Dobla el triste dos de noviembre
Y la rama del presentimiento
se la muerde un carro que simplemente
ruede por la calle
(César Vallejo)


Paulo Cohelo sigue demostrando que la “literatura” de autoayuda es la más vendida. Las películas de estreno se venden en el piso. La campaña contra el dengue continúa en su estante. A la par que los policías tocan sus pitos intentando disgregar a los heladeros. Un bebe grita su aburrimiento. Algunas lágrimas siguen cayendo en este mediodía soleado que hace más intensa la caminata. Probablemente los muertos no comparten con los vivos la fecha festiva. Pero sus almas siguen esperando primero tras primero de noviembre más allá de las disposiciones de la iglesia. Más allá de las costumbres ancestrales. Porque la muerte sigue siendo un territorio desconocido. Y mientras tanto, el mundo sigue siendo de los vivos.